PROTECCIÓN DE LAS CABECERAS DE CUENCA

   

obre la base de algunos principios válidos para la subsistencia de los pueblos, AGRONOTICIAS ha promovido por más de una década la “siembra y cosecha de agua”, y ha planteado la revaloración de los conceptos y sistemas que experimentaron y aplicaron con eficiencia, durante milenios, las antiguas civilizaciones que culminaron con el Imperio de los Incas, y que a partir de la colonia fueron abandonados y mirados de soslayo “sólo porque son recursos de indios”.

Gran parte de esos sistemas subsisten, algunos de ellos conservados y protegidos por las comunidades andinas, entre ellos andenes, terrazas de formación lenta, amunas, waru waru, huachaques, zanjas de infiltración, atrapanieblas, desvío de ríos, interconexión de lagunas, acueductos, y si a ellos se sumaran las tecnologías modernas, sin menospreciarse, el resultado beneficiaría en su conjunto a las poblaciones ubicadas en la vasta y compleja geografía del país. Los bosques en las cabeceras de cuenca servirían como esponjas para regular el agua, disminuyendo el impacto de los huaicos, las sequías, las inundaciones y otros fenómenos de la naturaleza que, a menudo, destruyen la infraestructura agraria, urbana y vial.

La mayor parte de las acequias y algunos canales que se utilizan en la costa para el riego por gravedad fueron construidos en la etapa pre-inca “y todo se hizo a mano sin tener dromedarios ni elefantes como en el viejo mundo”.

La Dirección General de Caminos y Ferrocarriles del MTC, presentó el 25 de julio del 2011 un estudio de las carreteras en 25 departamentos y concluyó que existen 26,017.07 kilómetros, de los cuales el 43% está pavimentado. Sin tener toda la infraestructura de la que hoy disponen las modernas empresas constructoras y sin pedir adendas ni leyes con nombre propio, los incas construyeron 30,000 kilómetros de caminos. Parte de esos caminos integran la ruta de trekking más hermosa del planeta, formada por 43 kilómetros empedrados, que va desde Qorihuayrachina (Km. 88 de la ferrovía Cusco-Quillabamba) hasta la ciudadela de Machu Picchu. Recorrerla demora tres días de caminata por “una impresionante variedad de altitudes, climas y ecosistemas, cientos de especies de orquídeas, aves multicolores, paisajes de ensueño, que van desde la llanura andina hasta el bosque de nubes, por una ruta que todo caminante debería experimentar una vez en su vida” ¿Por qué escogemos esta ruta? Para mostrarles que los incas y antes que ellos los pre-incas, planificaron la construcción de sus ciudades en zonas altas, vinculadas a bosques, que servían para atrapar la humedad del aire y la neblina, fuentes de agua que requerían dichas poblaciones. No construyeron sus ciudades en el fondo de los valles, como hacemos ahora. En el caso de Machu Picchu, tal como lo señala el investigador forestal Ing. Salustio Pumacóndor, en Puyupatamarca, que significa “donde está la neblina”(en ese lugar no hay montañas con nieves), hay un bosque de quenuales (Polylepis incana), plantado por los incas, cuyas ramas, hojas y tallos tienen pelusas que atrapan la humedad, especialmente de noche, y la depositan con suavidad sobre la tierra, “existiendo conexiones subterráneas o desfogues de agua desde los bosques hacia Machu Picchu”. Los ingenieros de Enturperú instalaron bombas en uno de los ojos de agua para atender las necesidades del hotel de turistas.

¿Qué hay que hacer con las cabeceras de cuenca? Allí se forman las fuentes de agua que alimentan ríos, quebradas, lagunas, lagos, puquiales, bofedales y humedales que juntos constituyen nuestra riqueza hidrológica.

Para afirmar y ampliar esa riqueza allí hay que instalar bosques de qolle blanco y qolle negro, quinual, kiswar, chachacomo, aliso y otras variedades, incluyendo las maderables, cada una en determinado rango altitudinal, a sabiendas que se han afincado en esos lugares desde hace milenios y que pueden generar, además de agua, una fauna y una flora muy rica como en Puyupatamarca, y lo que es fundamental generar trabajo, a razón de tres trabajadores por cada hectárea sembrada. En esos lugares también se pueden multiplicar las vicuñas y alpacas que producen las fibras más finas del mundo.

Entre la costa, los andes y la selva hay 10 millones de hectáreas para repoblar con árboles. Si sólo se avanzara en forestación y reforestación con un millón de hectáreas habría trabajo, de por vida, para tres millones de personas, y eso aseguraría el agua para teñir de verde los desiertos costeros sin tener que padecer los frecuentes estertores de la sequía-

(Julián Cortez Sánchez)


 

 

   


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